
Lo del destino es interesante y casi, ¿que te parece Alma? Se me ocurre proponer una cadena de esas en la que cada uno cuente alguna anécdota o sucedido que crea que el destino ha tenido algo que ver, por ejemplo pinchar una rueda en un camino por el que no pasa nadie y de repente aparece un coche con conductor o conductora sol@ ¡y resulta que es el chico o chica de mi vida!. Yo creo que algo parecido nos ha ocurrido en la vida. Alma que nos forramos, ya veras. Intentare poner yo alguna mía, que aún tengo unas cuantas, aunque de un Meigo nunca de sabe si es el destino… o la magia.
Estos días he notado en muchos “post” un poco de desamor. La verdad es que el desamor es una enfermedad que nace con el hombre y la pasamos todos, no hay una medicina que lo cure, solo lo atenúa otro amor, pero jamás se cura.
Dedicados a esos desamores en crisis, quiero contar hoy una historia, a ver si osgusta. Por los que hoy lloran su amor, por ellos y ellas:
(Antecedentes, somos 4 amigos que nos reunimos con la compañía de una botella de vino tinto, y nuestros recuerdos…)
Esta es una historia que nos contó la Luna, que todo lo ve y que de amores algo entiende, en una noche en que estábamos, como casi siempre, los cuatro juntos; una noche como otras tantas de tantas, pero en esta, cosa rara y no se porque, callados, algo melancólicos quizás. Cada uno de nosotros trataba de buscar sus recuerdos, quizás de amores deseados y no correspondidos, y la Luna, que tenia ganas de hablar, nos propuso contar historias, propias o de otros, ella decidió empezar y nos dijo que mientras esperaba, ansiosa, el día de su eclipse con el Sol, en un anoche que preguntaba por él al Mar, mientras este le contaba, descubrieron a un hombre y una a mujer, en la playa, y viéndolos, se acercaron y escucharon como ella le contaba:
…Bailando su música preferida, sintiéndose solos en el mundo, el mar, a sus pies, formaba la alfombra que cubría el suelo, y en el techo la luna con su luz prestada en los ojos de ella, y la magia en su sonrisa, danzando, juntos, piel con piel. Lentamente los envuelve la música y sus labios se miran, provocando el nacimiento de un beso lleno de húmeda dulzura, así, compás a compás, se descubrían en cada roce de sus cuerpos, entregados a sus manos, provocándose para vivir aventuras en espacios desconocidos que nacían en cada uno de los pliegues de su piel, en cada uno de sus poros; besos que emergían llenos de jugos de amor, mezclados con la sal del mar.
Los labios de ella en su boca, se juntaban con fuerza, intensamente, inventando besos. Sus cuerpos hacían nacer la pasión en el lecho que el mar les preparó entre dos olas; las sabanas confeccionadas con los suspiros de los dos, adornadas de estrellas, que envidiosas querían acompañarles, Sintiéndose uno, y con el regalo de la luz de la Luna en sus ojos, se entregaron: “te siento en mi, amor mío, estoy en ti y me das tu amor; conviertes mi alma en templo de paz y placer, tus caricias, tus sonrisas en mis ojos, como besos del sol al despertarse”, le decía el.
Sus cuerpos se unían acunados por el mar, en comunión, formando un solo sentido, mientras la música seguía sonando y en sus oídos se entregaban las notas, contagiadas por sus sentidos, a un acto de amor. Los brazos de ella recorrían la espalda de él, a la vez que las manos de él dibujaban el sensual cuerpo de ella. Los labios de los dos amantes se buscaban, se acariciaban despacio, mezclaban su saliva y mar. La boca de el descubría el largo cuello, en el viaje hacia su nuca provocaba que la cabeza de ella se escondiese entre sus hombros buscando su refugio; resbalaban los labios del amante en la búsqueda del camino que su pechos forman, coronándolos, en un festival de caricias, firmes y desafiantes; llenas de un agradable sabor a sal y a su vida que de sus cimas manaban. Lomas que esconden el surco hacia su meseta como piel de melocotón, que conduce a su castillo de amor, escondido en el bosque de sus delicias; al mismo “tempo” que las caricias que marcaban las manos de ella, llenas de sortijas de mar, perdiéndose en su cabello.
Entre sus cuerpos, el mar juega besando sus sentidos, el dentro de ella, su cuerpo en el de él; eran un solo cuerpo, unidos en un beso, su bocas una dentro de otra, y sus lenguas abrazándose, como ola entrando en la cueva secreta de las sirenas; sus néctares mezclados con el mar; sus sentidos estaban entregados, y sus cuerpos explotando uno dentro del otro. El sintió un calor fuerte, mezclado con la frescura del mar que le provoca que todo su ser, dentro de ella explote en un torrente de placer y vida, sus ojos,… su sonrisa,… el mar… la luna…, sus labios…, sus besos…, sus manos…, la luna brilla mas…., los dos…, el mar….,
No me olvido del pensamiento del dia:
“El clavo sostiene la herradura, la herradura sostiene al caballo, el caballo sostiene al hombre, el hombre sostiene al mundo.”
(Tradición oral Malinké).
Del espléndido libro Orígenes (365 pensamientos de maestros africanos)
Un beso lleno de rosas.





