
He tenido la suerte y el honor que Tanhäuser me haya propuesto para la distinción de Blog Solidario. Quiero, desde aquí, darte las gracias sinceramente por haberte acordado de mi, pero no menos dartelas por esa definición que haces de mi “Todo ternura y humanidad”. Gracias de todo corazón.
Este premio me ha hecho recordar una época de mi vida en la que intenté ser solidario. Durante 5 años trabajé como voluntario, cada día, en una organización dedicada a procurar que los más pobres, sintiesen que no eran pobres del todo. Viví situaciones de indignidad tan increíbles que me parece imposible, aún hoy y ya hace cuatro años que lo dejé, que en una sociedad calificada del bienestar puedan darse. Aprendí mucho, quizás más cosas de las que fui capaz de dar, y una fué el respeto a la libertad de quien vive de una determinada manera. Al principio partí de la base de que lo mío era lo mejor, que nuestro sistema era modelo a imitar. ¿Cómo va a vivir esta persona en la calle?, en el carril como le llaman ellos, será un vago. Eran y son los que duemen en la calle, los que su principal labor diaria es saber donde estará al próximo minuto, los que toda su vida, incluidas fotos y cartas, caben en una mochila y sobraba espacio. ¿Como podía ser?, pensaba yo. Pues era y es.Había, y los datos no creo que difieran mucho, un estudio que decía que el 20% de la población vivían en la pobreza y de ese 20% la mitad de ese porcentaje o algo menos, vivía en una pobreza severa, en la marginación, o sea en la frontera de la vida, en la frontera de donde la vida no importa. Ayy! el día que los pobres se organicen y voten. Como anécdota os cuento: Un día vino a verme una pareja joven, mas o menos 25 años, siempre es difícil saber la edad por la apariencia. No os cuento porque llegaron a esa situación que se resume tan fácil como en poca formación, nada de trabajo y algo de droga mezclada o provocada por una importante desestructura familiar, bueno que me enrollo, me dicen: (A veces me llamaban Jefe), Jefe ¿le podemos pedir un favor?, adelante les conteste. ¿Podría ser que durante unos días, los que pueda, nos dejase dinero para una pensión?, mi respuesta: ¿Y eso? , me responde él: “Es que, mi pareja y yo queremos estar juntos y no puedo tener un momento de intimidad con ella”. Nunca alguien me había dicho “intimidad” a un momento de amor completo con su pareja.
Tan sencillo como eso. Los albergues no permiten en el mismo dormitorio a hombres y mujeres, aunque sean parejas, dormir juntos. Incluso para eso, es una putada ser pobre.
Hoy mi blog es para ellos, mi premio es para ellos, para aquellos que trabajan día a día con los demás, respetándolos, dejándolos ser como quieren ser, comprendiéndolos, acompañándolos, no dirigiéndolos. Y mi petición: Los demás son como quieren ser, son como son, e intentar que sean como nosotros, a veces es un gran error. Nuestro sistema no es el mejor.
Y como hoy hablo de algunas de mis experiencias, pues una poesía mía (que raro). Los pintores suelen hacerse autorretratos, yo no pinto, soy incapaz, pero si con letras he intentado hacerme un autorretrato, ahí vamos:
Soy el fruto de mis recuerdos
en amores con mis esperanzas.
Soy el resultado de un sincero
amor y consecuencia
de las heridas de la vida.
Soy como el día
que busca , en la noche, el descanso.
Soy como la flor
que no sabe si mañana
será mañana.
Soy la consecuencia de ideas
que no nacieron,
y el resultado de lo que quise hacer
y no me atreví.
Soy como el alma en el purgatorio
Que no sabe a donde irá.
O como el agua estancada,
que solo moja.
Soy porque quisieron que fuera
aunque no sé si querían
lo que soy.
Soy lo que no quise ser.
Soy algo de contradicción,
Un enamorado de las ilusiones
y viudo de la muerte
Soy el deseo de ser otro.
Y en el fondo… me gusto.
Muchos besos, muchas rosas, muchos abrazos, y una copa de vino tinto.