
…había sido de una manera casual, como suceden las grandes cosas. Los hechos más importantes de nuestra vida, casi siempre aparecen sin que los hayamos buscado, e incluso a veces en contra de lo que queremos o deseamos, como si quisiéramos evitar que ocurrieran. Me ha sucedido muchas veces, ir a por manzanas y traer fresas. Me acuerdo como si fuese ahora mismo. Era un lunes gris, como casi todos los lunes, entré en mi despacho y la mesa de trabajo se alegro al verme, mucho más de lo que me alegraba yo de verla a ella, se había aburrido, seguramente, en los días de fin de semana. Me mostró todos cuantos papeles había conseguido olvidar desde el viernes, y hasta me parecía que lo hacía de manera irónica. Seguían donde los había dejado, eso quería decir que a ningún duendecillo se le había ocurrido aparecer por mi despacho y hacer la buena obra de la semana y poner al día los expedientes. Pero bueno, mejor seria echar un vistazo a la prensa y tomar un café, sin azúcar, antes de ponerme a discutir con el trabajo. Estaba vago y perezoso y no sabía por donde empezar, como si se me hubiese borrado todo durante en dos días. Sonó el teléfono varias veces y, no sé porqué se me ocurrió que quizás podría estar estropeado y allí se paso un buen rato cantando. Esta situación me hizo gracia y no sé porque. Quizás mi vena traviesa y pícara, pero lo cierto es que no tenía ganas de contestar. Seguro que alguien me pediría algo que no tengo. No sé por que, metido a jugar con mis sueños, contesté instintivamente al sonoro timbre. Me di cuenta al acercarlo a mi oído. Al otro lado sonó una voz que me hizo despertar y olvidarme que era lunes. Era distinta, como dije antes, no era una voz ni dulce ni nada de eso, era una voz (con permiso de Sinatra) distinta. Al oírla es como si a mis oídos le regalasen un bombón de esos de cerezas (¿por qué no los harán rellenos de fresa?) recubiertos de chocolate.
-¿Sr. López Regueira?, ¿Don Carlos López?
-Emmm . Si, dígame.
-Soy Teresa, Teresa Martínez de Santa Cruz Asociados. Encantada de saludarle.
-El encantado soy yo. Hasta hoy nunca creí que un lunes temprano pudiese ser agradable.
No sé porque me salió esa respuesta, pero fue del alma, no lo había pensado.
-Disculpe- Dije rápidamente.
Pensé que había metido la pata y esto del machismo, nada… que ya tengo lio, pensé.
Pero sentí una caricia en mis oídos, una sonrisa viajo por el cable y acarició mis oídos. Llego como si fuese un suspiro.
-Es Usted muy amable, Don Carlos. Ha conseguido que sonría en un lunes.
Pues… ¿como me dijo que se llamaba?
-Teresa, Teresa Martínez.
-Eso, Teresa. Disculpe.
Me había quedado prendado de su voz, y su nombre había quedado, un gran error, en segundo término.
-Teresa, dígame.
Sonó la palabra fatídica. De pronto nos convertimos en extraños. Mi “dígame” rompió, o al menos lo intentó. Secuestró las agradables sensaciones que me había producido el saludo de Teresa.
Falta poco ya para que sea la hora. ¡Jesús! Que nerviossss.
-¿Sr. López Regueira?, ¿Don Carlos López?
-Emmm . Si, dígame.
-Soy Teresa, Teresa Martínez de Santa Cruz Asociados. Encantada de saludarle.
-El encantado soy yo. Hasta hoy nunca creí que un lunes temprano pudiese ser agradable.
No sé porque me salió esa respuesta, pero fue del alma, no lo había pensado.
-Disculpe- Dije rápidamente.
Pensé que había metido la pata y esto del machismo, nada… que ya tengo lio, pensé.
Pero sentí una caricia en mis oídos, una sonrisa viajo por el cable y acarició mis oídos. Llego como si fuese un suspiro.
-Es Usted muy amable, Don Carlos. Ha conseguido que sonría en un lunes.
Pues… ¿como me dijo que se llamaba?
-Teresa, Teresa Martínez.
-Eso, Teresa. Disculpe.
Me había quedado prendado de su voz, y su nombre había quedado, un gran error, en segundo término.
-Teresa, dígame.
Sonó la palabra fatídica. De pronto nos convertimos en extraños. Mi “dígame” rompió, o al menos lo intentó. Secuestró las agradables sensaciones que me había producido el saludo de Teresa.
Falta poco ya para que sea la hora. ¡Jesús! Que nerviossss.
A ver si os gusta:
Grita el silencio,
callan las palabras,
hablan los deseos,
los miedos disimulan.
Ya no estas.
Te quiero.
callan las palabras,
hablan los deseos,
los miedos disimulan.
Ya no estas.
Te quiero.
Besos, abrazos, rosas, un poco de vino tinto, aromas en el aire y la música de Ennio Morricone "Cinema Pradise". Disfrutarla.
