domingo, 25 de mayo de 2008

La Cita (III) Fue un lunes...



…había sido de una manera casual, como suceden las grandes cosas. Los hechos más importantes de nuestra vida, casi siempre aparecen sin que los hayamos buscado, e incluso a veces en contra de lo que queremos o deseamos, como si quisiéramos evitar que ocurrieran. Me ha sucedido muchas veces, ir a por manzanas y traer fresas. Me acuerdo como si fuese ahora mismo. Era un lunes gris, como casi todos los lunes, entré en mi despacho y la mesa de trabajo se alegro al verme, mucho más de lo que me alegraba yo de verla a ella, se había aburrido, seguramente, en los días de fin de semana. Me mostró todos cuantos papeles había conseguido olvidar desde el viernes, y hasta me parecía que lo hacía de manera irónica. Seguían donde los había dejado, eso quería decir que a ningún duendecillo se le había ocurrido aparecer por mi despacho y hacer la buena obra de la semana y poner al día los expedientes. Pero bueno, mejor seria echar un vistazo a la prensa y tomar un café, sin azúcar, antes de ponerme a discutir con el trabajo. Estaba vago y perezoso y no sabía por donde empezar, como si se me hubiese borrado todo durante en dos días. Sonó el teléfono varias veces y, no sé porqué se me ocurrió que quizás podría estar estropeado y allí se paso un buen rato cantando. Esta situación me hizo gracia y no sé porque. Quizás mi vena traviesa y pícara, pero lo cierto es que no tenía ganas de contestar. Seguro que alguien me pediría algo que no tengo. No sé por que, metido a jugar con mis sueños, contesté instintivamente al sonoro timbre. Me di cuenta al acercarlo a mi oído. Al otro lado sonó una voz que me hizo despertar y olvidarme que era lunes. Era distinta, como dije antes, no era una voz ni dulce ni nada de eso, era una voz (con permiso de Sinatra) distinta. Al oírla es como si a mis oídos le regalasen un bombón de esos de cerezas (¿por qué no los harán rellenos de fresa?) recubiertos de chocolate.
-¿Sr. López Regueira?, ¿Don Carlos López?
-Emmm . Si, dígame.
-Soy Teresa, Teresa Martínez de Santa Cruz Asociados. Encantada de saludarle.
-El encantado soy yo. Hasta hoy nunca creí que un lunes temprano pudiese ser agradable.
No sé porque me salió esa respuesta, pero fue del alma, no lo había pensado.
-Disculpe- Dije rápidamente.
Pensé que había metido la pata y esto del machismo, nada… que ya tengo lio, pensé.
Pero sentí una caricia en mis oídos, una sonrisa viajo por el cable y acarició mis oídos. Llego como si fuese un suspiro.
-Es Usted muy amable, Don Carlos. Ha conseguido que sonría en un lunes.
Pues… ¿como me dijo que se llamaba?
-Teresa, Teresa Martínez.
-Eso, Teresa. Disculpe.
Me había quedado prendado de su voz, y su nombre había quedado, un gran error, en segundo término.
-Teresa, dígame.
Sonó la palabra fatídica. De pronto nos convertimos en extraños. Mi “dígame” rompió, o al menos lo intentó. Secuestró las agradables sensaciones que me había producido el saludo de Teresa.
Falta poco ya para que sea la hora. ¡Jesús! Que nerviossss.


A ver si os gusta:


Grita el silencio,
callan las palabras,
hablan los deseos,
los miedos disimulan.
Ya no estas.
Te quiero.


Besos, abrazos, rosas, un poco de vino tinto, aromas en el aire y la música de Ennio Morricone "Cinema Pradise". Disfrutarla.

sábado, 10 de mayo de 2008

La Cita (II) Dedicado a quien no cree en el amor.

Hermosa cita la del post anterior. A todos nos trajo dulces recuerdos de quizás tiempos muy cercanos o quizás muy lejanos. Es lo mismo, son situaciones que nunca se olvidan y que nos hace sentir como primerizos de todo, incluso si se vuelven a producir. La historia no tiene fin, ponerle el que a vosotros os guste, o quizás el final de la cita que nunca hemos tenido. ¿Mi final?:

El reloj apuraba su tiempo, había llegado demasiado pronto al punto de encuentro. Las rosas que compré me miraban y yo a ellas, con la ansiedad de la primera cita. Comprobaba, por enésima vez, que no se me hubiese olvidado nada, a la vez que repasaba mentalmente lo que iba a hacer y decir cuando ella llegase. Como la saludaría, donde le daría el primer beso, le cogería la mano para saludar…. Seguro que me pondré colorado y los nervios me jugaran una mala pasada, algo haré mal, tropezaré, o yo que se… Habíamos quedado en el vestíbulo del hotel donde me iba a quedar este par de días que esperaba pasar en su compañía. Un hotel céntrico, así evitaremos usar el coche que la situación no está como para ponerse a conducir. Para distraer mis nervios me describía mi mismo lo que veía a mi alrededor: “Hay poca gente, la barra del bar está vacía y en recepción el encargado habla por teléfono; en frente de mi hay una pareja, el lee y ella me mira, o eso me parece. Seguro que se me nota que estoy nervioso. La verdad es que estoy vestido como un pincel y las rosas en la mesa, seguro que se esta imaginando lo que va a pasar. Me estoy delatando. El hotel es de un diseño moderno, todo son espacios abiertos y luz. Es de tres plantas y el techo es un enorme lucernario que da luz a todos los rincones”. Donde yo esperaba mi cita estaba perfectamente situado, el sol de la tarde caía a mi espalda y me permitía, desde la butaca donde estaba sentado, ver la puerta así cuando ella entrara le vería perfectamente. ¿Cómo sería ella? Las fotos que ella me había enviado, las tenía grabadas en mi mente. Su sonrisa perenne, el brillo de su mirada. Si su piel era tan suave como lo que conocía de ella… Su voz si la conocía, habíamos hablado muchas veces por teléfono. Dulce no es la palabra que mejor la definiría, ni nada de eso de cantos de ángeles, su voz era simplemente la voz que me dijo que me quería, simplemente así. El ficus que decora el rincón que acompaña mi espera, brillaba. Ya faltaba poco para la hora, espero que sea puntual, porque si se retrasa y empiezo a pensar que no viene…, pero no puede fallar, no puede ser que no venga. ¿Que haré si no viene?
Quise alejar ese temor y de pronto empecé a recordar como la conocí…

Uhmmmmm ahí queda eso.
Bueno el caso es que mientras esperaba, quizás podía haber escrito algo así:

Y a ti
te quiero
por ti.

Solo
en mi vida vivo,
y es por ti.

Solo.

Solo
por el camino
marcho.

A por ti

Por ti,
mi vida,
porque te quiero.

Porque una noche llegaste como sin hacer ruido, como sin notarte. Abriste mi corazón, entraste. Yo cerré la puerta y en él, te escondí. Te quiero.


Cuantos papeles habrá por ahí con notas de citas. En fin, jejeje, eso. Besos abrazos, rosas, y que cada día sea como la primera cita. Uhmmmmm en su temperatura el vino de hoy. Tinto, un Mencía de mi tierra. A estas horas de la tarde en que el mar ruge con canción de invierno y música de primavera, sienta perfectamente.
Música pues ahí queda Juan Gabriel y “Abrázame Fuerte”, eso, fuerte muy fuerte.