
Pocas cosas pueden superar, (alguna sí y mucho) a una conversación con amigos. No importa el tema, siempre vale la pena el intercambio de opiniones, experiencias, risas y llantos con aquellas personas más cercanas. Hace unos días tuvimos entre varios amigos de ambos sexos una conversación que se convirtió en un debate interesente y lleno de filosofía, que siempre viene bien un poco. No fuimos muy originales en los temas y surgió el tan debatido “de donde venimos”, “a donde vamos” y la eterna “búsqueda de la verdad”. Como os podéis imaginar casi tuvimos que instaurar la figura del moderador y rozamos el infinito argumentando y rebatiendo lo humano y lo divino, testigo de ello son algunas botellas de tinto que en nuestra particular travesía cumplieron el objetivo de vaciarse para dar locuacidad a la lengua; sin que, como os podéis imaginar, llegásemos a conclusión alguna. Después de haber dejado los argumentos escuchados reposando en la barrica de las ideas, construida con la madera del bosque de la veteranía del tiempo vivido (concepto de edad que compartimos mi paisano Seoman y yo) y porque fundamentalmente llevo buscándome, desde que tengo uso de razón que según la Iglesia fue a los 7 años (manda carallo), me he dado cuenta que me buscaba en lugares inapropiados, que me buscaba, y pienso que lo hacemos todos, lejos lo que creo tenemos, cerca. Es innato apreciar, o considerar mejor, lo que tenemos lejos e infravaloramos lo cercano y no nos damos cuenta que solo tenemos que quitarnos algunas de las cadenas que tenemos cerradas con los candados de los perjuicios y prejuicios. Todo es más fácil de lo que casi siempre pensamos. Tenemos que mirar más hacia dentro de nosotros mismos, aprender de nosotros mismos.
Puesto a ser trascendental, los versos de Santa Teresa:
Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Mas cosas, ese consejillo para que la relación sea mejor:
Di “te quiero”; es una gozada oir esas dos sencillas palabras.
Y si me permitís yo añadiría: Y decirlo...
Besos, Abrazos, rosas y vino tinto, que aún me queda alguno.
Puesto a ser trascendental, los versos de Santa Teresa:
Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Mas cosas, ese consejillo para que la relación sea mejor:
Di “te quiero”; es una gozada oir esas dos sencillas palabras.
Y si me permitís yo añadiría: Y decirlo...
Besos, Abrazos, rosas y vino tinto, que aún me queda alguno.