sábado, 5 de junio de 2010

Entre el Restaurante Combarro y el Teatro Real




No sabéis bien cuanto me alegra que os haya gustado la música y mis versos. Chela me agrada mogollón tu visita, como siempre. Tienes razón en que hace mucho que no compartimos un poco de vino virtual, sin olvidarnos que tenemos pendiente uno de verdad, que espero sea en tu próxima visita a Ferrol.
Leo no creas que es oro todo lo que reluce. Volví con más problemas que los que llevaba, pero te prometo que valió la pena. Volvería ahora mismo y no para engordar, Charillo que ya casi no puedo engordar más. Por cierto Charo me ha gustado ser tu inspiración (ojo, solo para escribir, que nadie piense mal) y como nuevamente has podido comprobar, soy una caja de sorpresas. Leo como verás faltan un par de amigas, pero hay que disculparlas. Están muy ocupadas y esto va por rachas, pero aún así nos acordamos de ellas.
Mara me encanta que compartamos gustos parecidos y quien sabe. Cualquier día tenemos una conversa en la lengua de Camoes. María guapa, que alegría volver a saber de ti y una satisfacción que sea, este blog, un lugar de recuerdos para ti.
Pues no quisiera parecer el Capitán Tan (algunos seréis muy jóvenes para saber quien era el Capitán Tan y Valentina), pero he estado estos días de viaje otra vez y en Madrid esta vez. He de reconocer que Madrid cada vez está mas bonito, aunque me sigue costando mucho trabajo orientarme. No sé si os pasa, pero me cuesta horrores orientarme en Madrid. Nunca sé si estoy al norte, al sur o donde porras (que fino me estoy volviendo) me encuentro. En este viaje a la capital del Reino tuve el privilegio de cenar en dos sitios impresionantes. Cada uno en su estilo. Uno de ellos es el restaurante Combarro. Como su nombre indica es un restaurante gallego y diréis, ¿que hace un gallego cenando en un restaurante gallego en Madrid? Pues es donde he visto, y sentido gustativamente, preparar mejor una merluza a la gallega, que es simple de hacer. Simplemente hay que tener un buen producto (Merluza del pincho, patatas gallegas, una cebolla, algo de pimiento) y cocerlo (el pimiento será mejor no) y luego hacerle un refrito con un poco más de cebolla (que no se pase mucho)en el mejor aceite de oliva, dejandpo previamente que unosajos se hagan (estrujarlos para que suelten el jugo) y cuando está en su punto y el aceite muy caliente, retirarlo y echarle el pimento dulce… pero aquí en el Combarro van más allá: le ponen un chorrito de vinagre; pero os prometo que no es vinagre normal. Yo apostaría en una mezcla de vinagre de albariño y de jerez. Pero le tiene tan bien cogida la medida y la mezcla que el primer sabor, como una primera caricia en la boca, no te recuerda precisamente a vinagre…, hasta que te das cuenta que si, que es vinagre lo que juega con el resto de sabores (no me gusta el vinagre, así que haceros una idea). Vale mucho la pena ir, pero mucho. El otro sitio, totalmente distinta la cena y el marco, fue el Teatro Real, flipeeee. Joer, entiendo porque a algunos monarcas, el pueblo llano y hambriento los pasaron por la guillotina. Que preciosidad. La cena fue de esas que están de moda, donde uno no se sienta y le dan mariconadas de colores y de beber mas cositas coloreadas en vasitos diminutos, pero el cuarteto de cuerda que nos acompañaba en aquel salón… hacia que no se que de color verde, supiese a gloria. La subida por la escalera real, la verdad es que a uno le hacia sentir importante (yo lo soy, al menos a fin de mes). Uno, que soy yo, se sentía como una especie de cenicienta. Pero una de las cosas que mas sorprendió no fueron ni las pinturas ni los tapices; fue la luz. Impresionante, suficiente, no cargada y relajante. Fantástica. Eso si, no se os ocurra ir a tomar una caña al bar de al lado. Joer dos cañas solo cuestan 9,60 euros, si no me equivoque 9,60 euros= 1.600 pelas. Pero eso no consiguió que el teatro Real perdiera su encanto.
Bueno queme enrollo como siempre. Hoy otro poemilla cortito, para que esto no sea interminable. Ojo al dato. Son versos que de vez en cuando se me ocurren, así sin más historias (y una leche).
Que os guste:

En mi mente
donde nacen las dudas
el amor gana.
Mi alma se desnuda,
tus palabras lo visten.

Lo de los tankas es un vicio; eso si, mas barato que fumar. Y para cerrar, como siempre algo de música. Una mezcla de voces interesante: Rosario y Estopa, en una versión bonita de “El Run Run”. Dedicada a una amiga de mi pueblo, que lo canta y lo siente (lo del run run, me refiero). Disfrutar de la música y de los versos, pero sobre todo ser felices, en compañía de lo que os guste y de un poco de vino y rosas. Disfrutar.

3 comentarios:

Darilea dijo...

Hay Carlillos, si es que te tengo que querer, si lo mismo nos haces un poema que te metes a cocinillas.
Me has de contar con detalles eso del Teatro Real, te imagino levitando después de esas cervecitas y los licorcillos verdes ajjaja
Un besito Carlos.
Pd: El tanka, para seguirte, así que en cuanto lo haga te lo enseño.
:-)

Mayte dijo...

El tanka, la comida, los tragos y la buena compañia que regalan tus letras, siempre. Se me ha hecho corto el recorrido de tu mano.

Bikiño.

Chela dijo...

¡Estas hecho todo un gourmet! Buen paladar y buen gusto. Y además te sabes las recetas,seguro que cocinas bien.

Los versos preciosos.

Y me ha encantado este post tan directo en el que nos dices algo a cada uno de los cometaristas de tu blog.

Me he tomado una copa de vino a tu salud. Un abrazo.