viernes, 18 de enero de 2013

Orden y rarezas.


¿Qué tal os ha tratado la gripe este invierno? Espero que bien, que es muy traidora y pesada. Sigo dándole vueltas al paso del tiempo, quizás porque esté yo mismo metido en el momento en que más cuenta  se da uno de lo que  queda atrás. Descubres que los proyectos futuros se hacen de manera distinta, sobre todo en cuanto al plazo se refiere. Pero hay cosas que no cambian y una de ellas es mi manía en el orden. Me explico; no soy maniático en el sentido estricto, más bien al contrario. Me gusta la creatividad y la innovación y yo me considero creativo e innovador (en mi medida). Los buenos creativos triunfan antes que los que no lo son y esta afirmación, no es gratuita, es fruto de mi larga experiencia en el mundo empresarial. Pero sí me gusta que en mi mesa, y en las cosas de uso personal, las cosas estén siempre donde han de estar y me peleo por la optimación del espacio. Lo de colocar las cosas en su sitio debe de ser el síndrome que me quedó cuando hice la mili. En la oficina donde me destinaron (controlábamos el gasto de combustible de los vehículos y alguna que otra cosa más), había al mando un oficial que era de lo peor en ese sentido. Entraba escrupulosamente a la misma hora cada día; lo mismo hacía en la salida. Tomaba el café todos los días al marcar el reloj la hora. Si por algún motivo (cosa rara) no podía ir, ya no iba; se quedaba sin café. Todo era absolutamente cronometrado y espaciado en el mismo tiempo cada día, cada mes. Pues este buen hombre guardaba dentro del armario cuando cerrábamos, la grapadora y el aparato ese de hacer agujeros en los papeles y siempre en la misma posición. Al principio de mi incorporación al destino, una vez explicadas todas las rutinas, se fue y yo guardé los útiles de oficina. El caso es que al día siguiente, por razones del servicio, llegue más tarde. El caso es que el hombre éste abrió el armario y observó que yo había cambiado el orden (grapadora a la izquierda y taladro a la derecha); me armó un lio… de oficial a soldado. El caso es que conviví con él 18 meses y acabamos siendo grandes amigos y gracias a él pude incorporarme a mi trabajo un mes antes de acabar mi obligatorio servicio militar. 
Todo esto viene a cuento de que estoy intentando colocar mi mesa de trabajo, donde escribo y tengo mis cosas y no le doy encontrado “o xeito” que dicen en mi pueblo y que quiere decir algo así como la mejor manera.
Bueno, creo que después de esta reflexión, seré capaz de colocar todo. Ya os contaré porque esto continuará.
Hace tiempo que no pongo uno de mis tankas. Me he encontrado este. Gran verdad que la soledad siempre es mala consejera…

Arde la piel
en aguas sudorosas
de manos huecas.
Anhelantes dibujos
de cuerpos ideados.

Y mi música. Una canción que también recuperé y dice muchas cosas. “La quiero a morir” interpretada por su autor, el francés Francis Cabrél que la compuso por el año 79. Qué decir de esta canción… ¿cuantas veces la hemos cantado? y a quién… Besos a todas y abrazos a todos. Pasar a mi mesa (medianamente ordenada) hay rosas y vino tinto. Siempre.


1 comentario:

Oréadas (Darilea) dijo...

Ayss de ese orden recuerdo a alguien :) que me decía que iba hacer muchas cosas tras su jubilación jeje como aprender hacer power point, ;) has empezado ya?? jeje.
Me encantó el tanka. :)
Besitos Carlos.
Pd: Estoy esperando unos poemas en el correo.