sábado, 21 de agosto de 2010

Volviendo a lo nuestro


Volvemos a la normalidad pasado ya el cabreo, pero aún con el sentimiento de impotencia. A lo nuestro y os quiero contar que no suelo escribir relatos, ni cortos ni largos; lo he hecho en pocas ocasiones (dos o tres, ya ni me acuerdo) y creo que es que además de vago, tampoco soy un escritor. Soy impulsivo, a lo que veo y siento, me ayuda el tener una buena capacidad de concreción, quizás obligado por mi trabajo, lo plasmo de la manera más breve. Hacer eso, escribir así, me divierte y relaja. Hoy os enseño un texto que escribí hace unos días y que surgió la idea de hacerlo hablando con una vieja (no de edad, si no de tiempo) amiga. A ambos, a Yolanda y a mí, nos unen muchas cosas y sobre todo nos entendemos en los silencios (a ella le costó más trabajo que a mí, pero solo le ganaba por veteranía). Hoy con su permiso, me gustaría enseñaros el relato y me contáis a ver qué os parece. Allá vamos, acomodaros en el sillón (por cierto no le he puesto título; ¿alguna sugerencia?:
“Sentado en el balcón del día de la vida, observaba el aprendiz de dios, como pasaba lo que los simples mortales llamamos tiempo. Era su primer día de prácticas después de haber terminado la formación teórica en la Universidad de los Dioses y aunque un dios no se puede permitir debilidades, la verdad es que este aprendiz sentía una sensación extraña que nunca antes había sentido. Bueno sí. Al principio de los estudios cuando conoció a una aprendiza de diosa que le provocó una especia de revoltijo en su espíritu que aún hoy, y ya ha pasado lo que un humano definiría como mucho tiempo, le produce cierto placer divino, cuando se acuerda de ella.
El tiempo, por si no lo sabéis, es un invento de los humanos. Nos sirve como referencia y para llegar tarde siempre a todas las citas. Y para no perder la referencia lo hemos guardado, como capítulos de una vida, desde siempre en algún objeto como si nuestra intención inconsciente fuese conservarlo y que no se nos escapara, como si así fuésemos capaces de conseguir la vida eterna. Siempre ah sido así desde aquellos relojes de sol en los que por la sombra que reflejaba una estaca clavada en la arena se sabía el espacio que había transcurrido desde el orto del sol; pasando por los de arena, hasta los más sofisticados del presente. El caso es que , los humanos, hemos convertido una esfera que hemos divido en rayitas y le hemos acoplado un par de agujas que dan vueltas (lo de los digitales, vale más dejarlo a un lado)y cada golpe de manecilla a una velocidad acordada deja constancia del pasado y crea un futuro, sin que apenas al hoy le de importancia y el protagonismo, que a última hora, nunca mejor dicho, es lo más importante de nuestra vida. ¿Os imagináis una vida sin reloj?, ¿una vida sin tiempo? Eso será para otra reflexión, que si no pierdo el hilo y me olvido de nuestro aprendiz de dios. Este aprendiz evidentemente tiene un nombre, aunque en el mundo de los dioses son nombres raros, el suyo es “Nominis Arduum”, que significa Nombre Difícil, pero para abreviar le llamaremos Nomi. Bien, pues como decía Nomi empezaba las prácticas obligatorias para ser dios. Aún no había pensado en que especializarse, pero esperaba que la observación de la vida de los humanos le daría pistas.
Para un dios solo existe presente, al revés que nosotros. Ni pasado, ni futuro. No lo necesitan. El pasado es solo para nosotros los simples mortales. Nosotros necesitamos tener experiencias y recuerdos para distinguir el bien del mal, así como otras referencias para entender nuestra existencia. También nos es fundamental dar salida a nuestros pensamientos; y ahí es donde empieza el futuro: la lucha de ambos es nuestro presente. Por tanto para los dioses todo sucede en un instante, en un solo golpe de nuestra aguja del reloj, y lleno de relatividad. En el mismo instante nace, vive y muere una mosca y el ser humano que, desde nuestras entendederas, fuese el más longevo. A la vez, en ese golpe de aguja de nuestro reloj, sale el sol y la luna; a la vez nace la flor y en su mismo lugar, constantemente, como un hilo sinfín, nace la siguiente. La vida sucede de la misma manera que esas figuras chinas que pasadas rápidamente parece que el dibujo tiene movimiento.
La tesis de Nomi se basaría, así lo había decidido con su tutor, sobre lo que los insignificantes mortales llamamos “Vida” en toda su extensión. El hecho de vivir y el cómo vivir. Nomi a la vez que observaba tomaba sus notas, y aunque los dioses no se sorprenden de nada de lo que ocurre en la vida de los mortales, no pudo evitar dejarse llevar por esa sensación que antes comentaba, por ver qué pasaba se dejó ir. Intentando describir esa sensación decidió ponerle un nombre y anotó en su libro “Entender”. A continuación siguió escribiendo: “Querer dar un significado a los hechos y acontecimientos de las otras vidas”. Siguió escribiendo sus notas: “a medida que suceden acontecimientos, aumenta la sensación” y a continuación y entre paréntesis escribió: “Curiosidad”. Lo siguiente que escribió en su cuaderno era que ambas emociones trataban de condicionarle e influenciarlo.
Continuaba su observación y a la vez que los seres imperfectos, así nos llaman a los mortales, desfilábamos (supongo que yo también lo haría) en la continua noria de la vida, Nomi descubría, como buen dios que quería ser, la cara y la cruz del principio y del nuevo principio. Observaba en los mortales como los llantos del inicio se convertían en sonrisas francas; se fijaba como, de manera inmediata, esa sonrisa cubría la expresión franca y se hacía decorativa en la cara; perdía frescura. Observaba como los sueños que los imperfectos teníamos al principio, se volvían olvidos en el nuevo principio. Se fijaba en como los abrazos que eran francos, se tornaban en espaldas y dábamos más abrazos al aire y al viento que a otros humanos. Quizás, pensaba Nomi, intenten buscar en los silbidos del viento la llegada de otros abrazos. Se fijó, con la vista de dios que nunca falla, en todos los detalles de la vida. Todo sucedía como si pudiese ralentizar los instantes y todo ocurriese a cámara lenta, vio claramente como lo terso se convertía en arrugas. Arrugas que escondían la semilla de la soledad y se dio cuenta que germinaban dando paso a un nuevo inicio.
Anotaba sus impresiones en su cuaderno y trató de ordenarlas para discutir con su profesor. Anotó al final:


Origen y fin,
Abrazos y cansancios.
Dolor en amor,
Encuentro de sentidos.
Júbilo y amargura.

Resumió su tesis en los 5 versos. Acabó sus estudios y lo destinaron a lo que él había pedido. Decidió convertirse en la brisa que seca las lágrimas de la sin razón. Quiso volar entre los pliegues de la capa de Eolo siendo el viento que lleva al nuevo inicio.
En ese vuelo lo conocí. En ese vuelo hablamos. Y él me contó su historia en un soplo que borro mis arrugas.”

Bueno, espero que lo hayáis disfrutado. Si no ha sido así, me lo demandáis.
Un poco de música mientras pensáis: Hoy con Fito y su legendario y mítico “Soldadito Marinero”. No sé porqué me identifico con esta canción. Creo que irá bien. Besos, abrazos, rosas y vino tinto. Disfrutar.

7 comentarios:

plinnn... dijo...

Me ha gustado:) desde la distancia de un dios, me parece una visión acertada:) feliz día:))

Laura dijo...

A mi también me ha gustado este relato, muy filosofo,, en tu línea, y como broche final un kaiku.
Este relato me hizo recordar el que escribiste y al que yo bautizé como "los tres mosqueteros y breo", también precioso y que pudieras compartir en este blog pues estoi segura que a la gente le gustará
He hablado con Charo intentando darle animos, y de paso he descubierto la preciosidad que los dos habeis creado, así que te felicito, sinceramente me ha emocionado mucho verlo.
Como siempre un placer leerte.
Un besote Carlos.

Mayte dijo...

La unión hace la fuerza el ir y venir acompasado de la vida y los buenos amigos...me ha encantado el relato, lleno de certezas.

Un bikiño siempre Meigo...desde mi casa nueva, yo me voy, vuelvo, salto de ventana en ventana, pero quieta nunca!

tumejoramig@ dijo...

Que belleza Meigo, tanto en prosa como en verso, la magia sigue inundándolo todo.

Los Dioses también deciden ir y venir a experimentar lo que ya conocen en teoría... por eso son especiales y tan queridos.

(He leído lo de Darilea, que pena, yo pasé por algo parecido hace unos años, hay gente para todo, lo importante es denunciarlo a la División de Delitos Informáticos de la Guardia Civil, es fundamental para que no vuelva a ocurrir, o para reducir a ese tipo de "entes" lo antes posible... mil besos para ella)

Sigo entre idas y venidas querido Meigo, sin apenas tiempo de conectarme... te recordé mucho cuando fue la semana del campeonato, pero no pude ir... habría sido genial verte.

Un beso enorme, no dejes de escribir, la prosa (aunque no sea lo que más te gusta) te ha quedado preciosa... para soñar y disfrutar.

Muacksss

Anónimo dijo...

Volviendo a leer a mi queridísimo Breo en este relato, como ya te comenté me estremeció este relato.
Un besito Carlos, siempre Darilea.
:-)
Ya queda poquito para que vuelva.

Oréadas dijo...

Arropada de luz, de ganas, y con el mismo entusiasmo que siempre, mi querido Breo, mi Meigo, mi fiel amigo Carlos te dejo un beso.

Anónimo dijo...

Precioso,todo lo que he visto y leido.

Un beso.

Mari.